dieta alcalinaMuchas personas inician dietas con el objetivo de bajar de peso de forma rápida.  Sin embargo, éstas pueden afectar negataivamente nuestra salud al tener déficit de vitaminas, minerales, etc..

Por ello, es necesario que, al hacer una dieta para adelgazar, ésta también nos permita alimentarnos con todos los nutrientes necesarios y de forma balanceada   Sin embargo, ¿Cómo lo logramos?

Una alternativa para cuidar ese delicado equilibrio en nuestro cuerpo es la dieta alcalina. Más que un régimen alimenticio, se trata de un estilo de vida, que busca proporcionarle a nuestro organismo buena salud, mayor energía y bienestar cada día, manteniéndonos al mismo tiempo en un peso saludable.

Uno de sus pilares es el consumo de alimentos con propiedades alcalinas: muchas frutas y vegetales, brotes verdes y agua alcalinizada, controlando la ingesta de alimentos con tendencias acidas: proteína y grasa animal, lácteos, alcohol, alimentos procesados y aditivos artificiales, entre otros. Se recomienda que la relación en el consumo sea de aproximadamente un 80% de alimentos alcalinizantes y un 20% de comidas acidificantes, entendiendo que la acidez también es necesaria para el buen funcionamiento de nuestro cuerpo.

Otro de sus pilares involucra nuestro estado emocional y mental. Por increíble que parezca, se ha observado que al realizar pruebas en personas vegetarianas, con las cuales se esperaría resultados mucho más alcalinos, sus pruebas han reflejado altos niveles de acidez si se encuentran en situaciones de estrés.

Esto indica el grado de influencia que tiene nuestra situación anímica y nerviosa, pues realmente es parte de nuestro sistema, donde todo está relacionado. Por ese motivo, también es recomendable prestar atención al momento y el espacio que destinamos a comer. Es necesario procurar estar tranquilos, sin prisas, en un ambiente pacífico, disfrutando de un momento que, finalmente, debe resultarnos reconfortante y nutritivo.

En esencia, la dieta alcalina nos recuerda cómo cada cosa que comemos, hacemos e incluso sentimos nos afecta, y lo importante que es cuidar las condiciones naturales de nuestro cuerpo y mente. Sus fundamentos no son nuevos: Claude Bernard, médico y biólogo francés, quien realizó relevantes contribuciones a la medicina, recalcó la importancia de preservar nuestros parámetros fisiológicos desde principios del siglo XIX.

La alcalinidad y la acidez son conceptos químicos, los cuales describen las cualidades de medios y sustancias. Ambos se determinan a través de la escala de pH, y sus valores van de 0 a 14. Las sustancias cuyos valores son menores que 7 se consideran acidas; por el contrario, son alcalinas aquellas con valores mayores que 7.

Este es el caso de nuestra sangre, pues se ubica entre el 7.35 y 7.45 en la escala de pH. Es por ello que este modo de vida se concentra en promover un medio alcalino en nuestro cuerpo mediante el consumo de alimentos ubicados en la parte superior de la escala de pH y la integración del equilibrio de nuestras emociones. Pero ¿cómo podemos saber cuánto de lo que ponemos en nuestro plato tiene propiedades acidas o no?

Lo primero que pensaríamos es que el limón es un alimento ácido debido a su sabor, pero… ¡sorpresa! ¡es alcalino! Esto se debe a que el pH en los alimentos se determina según los resultados que producen después que nuestro cuerpo los metaboliza. La mejor manera de identificar sus cualidades es investigar muy bien y consultar diferentes tablas que clasifican lo que comemos de acuerdo con sus propiedades. Conocer los orígenes, métodos de cultivo, formas de procesamiento y cocción también nos revelarán datos sobre su formación química y efectos.

Adicionalmente, existen varias pruebas caseras, tan simples como tiras de papel hechas con reactivos químicamente sensibles, que permiten medir con regularidad ciertos niveles de pH en nuestro cuerpo por medio de la orina, cuyos valores deben estar entre 6.3 y 7.3; o la saliva, cuyo pH debe estar entre 6.8 y 7.2, ambos en ayunas.

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A partir de ahí, podemos controlar y calibrar nuestro consumo de comidas alcalinas o acidas para alcanzar los niveles óptimos que promuevan el bienestar en nuestro cuerpo. Pero no olvidemos que las emociones influyen poderosamente en el equilibrio ácido/alcalino, y resulta esencial de igual forma nivelarlas para lograr nuestro equilibrio interno.

Aunque es cierto que nuestro organismo regula por sí mismo el pH de la sangre, si introducimos demasiados elementos ácidos en nuestro sistema, es posible que provoquemos un desajuste. Este desequilibrio podría volvernos más propensos a resfriados, alergias y sinusitis, dolores de cabeza, debilidad, irritabilidad y aumento de peso, entre otros. La acidez ya ha sido relacionada con diversas enfermedades; por ejemplo, el Nobel de Medicina de 1931, Otto Warburg, planteó que los medios ácidos privan de oxígeno a las células de nuestro cuerpo y deterioran la salud.

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De acuerdo con el enfoque del nutricionista y especialista en la dieta alcalina, Gabriel Gavina, nuestro cuerpo puede encontrarse en dos estados: la fase de restricción, producida por la acidosis, donde el cuerpo retiene grasas para sobrevivir, dificultándonos la pérdida de peso y ocasionando que padezcamos más enfermedades debido a la acumulación de toxinas; y la fase vital, en la que el cuerpo libera grasas y se mantiene sano porque le proporcionamos los nutrientes y las condiciones adecuadas.

Para fomentar esta fase vital de salud, es imprescindible que incorporemos a nuestra rutina ejercicios aeróbicos, que estimulen las funciones respiratorias y la absorción de oxígeno. Otra opción es practicar yoga, taichi, meditación o ejercicios de relajación para fortalecernos físicamente y emocionalmente, disminuyendo los niveles de acidez en nuestro sistema.

Al observar todos los factores contemplados por la dieta alcalina, entendemos que verdaderamente es una completa propuesta de vida, revelando ese equilibrio que reina en la naturaleza y que nuestro cuerpo también necesita.

 

 

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