El champú y el acondicionador son dos elecciones importantes a la hora de cuidar el cabello. Leer las etiquetas de los frascos de champú que se encuentran en los grandes almacenes pareciera «mágicos».

Se encuentran palabras como «exuberante», «voluminoso» o «hermoso», pero con frecuencia las promesas son mayores que los resultados.

En su lugar, se sugiere que se busque un champú y un acondicionador a base de plantas medicinales, aceites esenciales y derivados de productos integrales (e incluso de alimentos como la avena y las castañas), los cuales actúan en el cabello y el cuero cabelludo igual que en el resto del cuerpo: aportan un alto nivel de vitaminas, minerales y oligoelementos, enzimas, aminoácidos, ácidos grasos esenciales, fitoesteroles y azúcares naturales.

Estos productos fortalecen, hidratan, estimulan y desintoxican el pelo y el cuero cabelludo, y como los resultados se perciben realmente, parece magia de verdad.

El champú debe ser un jabón biológico suave; de este modo se impide que los aceites naturales del cabello se eliminen y se protege su pH natural ácido de 4,5 a 5,5 -un pH neutro o equilibrado es de 7,0. Cualquier cifra por encima de ésta es alcalina. Igual que un producto demasiado ácido puede ser perjudicial para tu pelo, lo mismo sucede si es demasiado alcalino.

Para protegerte el cabello, asegúrate de leer las etiquetas y busca champús que contengan plantas medicinales que purifiquen y limpien (como el orégano, el Ginkgo biloba, la consuelda y la milenrama), junto con aceites esenciales.

Es aconsejable que los champús y acondicionadores sean humectantes y emolientes. Esto significa que el producto tiene la capacidad de atraer la humedad del ambiente e impedir que luego se pierda.

Para una hidratación óptima, busca en la etiqueta uno o más de los ingredientes siguientes: áloe, aguacate, plátano, bardana, caléndula, zanahoria, manzanilla, consuelda, pepino, glicerina, miel, quelpo, lecitina, malvavisco, leche, melaza, ortiga, zumo de pera o manzana, aceites vegetales y mantequilla de nuez de karité (árbol tropical africano cuyas nueces son oleaginosas).

Algunos de estos ingredientes también aportan proteínas, como el trigo, la soja, el arroz, la leche, la avena, la alfalfa y las alubias negras. Y como el cabello está compuesto en su mayor parte de proteínas, aplicar productos ricos en ellas directamente sobre el cabello puede fortalecerlo y aumentar su elasticidad y porosidad. Ingredientes como, por ejemplo, la milenrama y la bardana proporcionan una astringencia natural.

Y también encontramos los ácidos de los cítricos (pomelo, limón, lima y naranja), el vinagre de sidra, el eucalipto, la menta, la salvia y el romero, que suavizan la cutícula y proporcionan un brillo increíble. Por último, el romero y la menta son eficaces para estimular el crecimiento del cabello, al igual que la menta verde y todos los cítricos

 

 

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