El vino ha sido empleado como bebida desde la antigüedad; sólo es necesario leer varios versículos de la Biblia que hacen referencia a ello.

Sin embargo, esta bebida no solamente se puede tomar en las celebraciones o para acompañar exquisitas comidas sino que también puede utilizarse como un tratamiento de belleza de la piel.

Se le conoce como vinoterapia y se aplica desde la época de los antiguos egipcios, quienes además de la escritura jeroglífica y otros sorprendentes avances, conocían sus propiedades terapéuticas y de cosmetología natural.

Sin embargo, no fue hasta el siglo pasado cuando Mathilde Cathiard y Bertrand Thomas, originarios de la región de Graves, en Burdeos, Francia popularizaron este tratamiento de belleza.

El vino puede aplicarse en la cara, en forma de mascarilla, o en todo el cuerpo, mediante el exótico recurso de sumergirte completa en un tonel de vino hecho de madera fragante, ritual que está causando furor en los más exclusivos spas europeos.

Otra combinación interesante del vino en la cosmetología natural consiste en mezclar el vino con aguas termales, además de recuperar la piel, tonificarla e hidratarla, proporciona una mayor consistencia a los músculos de los brazos y más firmeza a los senos. Además, estos baños liberan la tensión muscular, descansan los miembros agotados y proporcionan una sensación de relax al cuerpo, la mente y el espíritu.

Sin embargo, el secreto de la vinoterapia reside en las semillas de la uva, la cual es ricas en polifenoles, sustancias que incrementa la resistencia de los vasos sanguíneos, refuerzan la microcirculación, y protegen a las fibras de elastina y colágeno.

Los polifenoles no sólo ayudan a mantener sano el sistema cardiovascular, también dan firmeza, flexibilidad y luminosidad a la piel.

Sin embargo, si se mezcla los extractos de las semillas de la uva con cápsulas de vitamina E se obtiene una verdadera crema efectiva en la lucha contra el envejecimiento. Existen también cremas que contienen semillas de uva pulverizadas, las cuales actúan como un exfoliante muy eficaz.

El aceite de semillas de uva está particularmente indicado para masajear la piel, permitiendo recuperar las grasas naturales que se pierden con la edad o debido a las agresiones externas como el viento, el sol, el polvo y la contaminación.

En Italia, lo actual es el masaje con las semillas de la uva de Lambrusco, que suavizan la piel y la nutren con sustancias mineralizantes, las cuales además actúan como antioxidantes y ayudan a las células a regenerarse. También son populares los hidromasajes con extractos de uva y sales biológicas.

La pulpa de la uva también se utiliza en la cosmetología natural. Si se extiende sobre la cara en forma de mascarilla durante treinta minutos, rehidrata la piel, elimina o atenúa a las microarrugas y es un buen recurso para eliminar las manchas y otras imperfecciones del cutis.

 

 

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